Néctar y Mielada

Néctar y Mielada

Las flores, para reproducirse, necesitan ser polinizadas, recibir en sus pistilos (elemento femenino) el polen, un polvo producido por las etaminas (elemento masculino) de otras flores. Esta polinización se hace principalmente por las abejas que al ir libando de flor en flor, transportan el polen en sus patas y lo depositan sobre los pistilos.

El Néctar

Para atraer a esas libadoras indispensables, las flores producen el néctar , una mezcla sutil de agua y de azúcar segregado por los nectarios (glándulas situadas generalmente en el interior de las flores). La abeja libadora lo aspira con su trompa, lo acumula en su buche donde las enzimas naturales que contiene su saliva lo somete a un principio de digestión, hasta que lo transporta a la colmena.

La Mielada

Igual que el néctar, las abejas liban la mielada transformándola de la misma manera en miel. Más complejo que el néctar, esta sustancia se consigue por mediación de un pulgón: éste se alimenta de la savia de la planta y rechaza el excedente en forma de gotitas azucaradas que se fijan en las hojas. Las plantas y los árboles como pinos, abetos del norte, castaños, arces, tilos, pero también trigos, son así, verdaderos manantiales de miel. 

Alquimia natural

Néctares o mieladas, la abeja transforma estas sustancias mezclándolas con sus secreciones salivares. En el seno de la colmena, pasan de buche en buche y de alveolo en alveolo. Poco a poco se enriquecen de constituyentes biológicos, se transforman y se concentran gracias a una alquimia natural única, propia del universo de las abejas. Es difícil evaluar la producción anual de una abeja, pero se calcula que una colmena produce entre 20 y 30kg de miel por año para una población de 30.000 abejas.

¡Así un bote de 1 kg de miel representa para la abeja libadora aproximadamente 200 jornadas y 40.000 km recorridos para libar unas 800.000 flores!

La miel

Por definición, la miel es un producto puramente natural, es autosuficiente y no contiene ningún aditivo ni conservante. La fecha indicada en los botes es un indicador de su frescura, la miel puede mantenerse varios años conservando su aroma y sus características gustativas originales. Según la legislación europea, la simple palabra ’’miel’’ sobre un embalaje es suficiente para asegurar al consumidor un origen 100% natural. La conformidad de los productos es además regularmente controlada por laboratorios autorizados.

A semejanza de los grandes caldos de vino, no existe una miel sino mieles. Su increíble diversidad depende de los orígenes florales y de las regiones de producción.
Las flores y plantas melíferas segregan néctar y los árboles mielada . Son sustancias azucaradas que las abejas liban. Una vez recogidas, transformadas, acumuladas y maduradas en la colmena, confieren a cada miel su particularidad gustativa, su intensidad o su dulzura, su color y su consistencia.

Existen tantas variedades de mieles como variedades de flores, de plantas y de árboles melíferos. Las mieles son clasificadas según sus orígenes: 

  • Miel de mielada, resultante de los árboles o miel de néctar, resultante de las flores. 
  • Orígenes florales: hablamos de terruños monoflorales como la miel de romero, eucalipto, naranjo, acacia, de brezo, de lavanda, de trébol, etc... o de terruños multiflorales mieles “milflores”, a menudo clasificadas según los lugares de cosecha (montaña, bosque, llanura...) o las temporadas (miel de primavera o de verano ...). 
  • Orígenes geográficos: las mieles de las regiones son clasificadas según el origen geográfico y la flora habitual de una región determinada: miel de los Pirineos, miel de los Alpes, miel de La Alcarria... 

Melífera: del latino mel, mellis = miel y ferre = llevar, que produce un jugo con el cuál las abejas fabrican la miel.

Además de la miel, la abeja produce polen, jalea real, cera y propóleo.

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